Historia de las izquierdas en España (1789-2022)

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Nunca en la historia de España se había producido una ruptura tan sangrienta de la convivencia social. El saldo del cataclismo provocado por la sublevación militar alcanzó cifras trágicas: más de 150.00 muertos en acciones bélicas, pero el odio social generó una cifra de mayor calado, en torno a 200.000 personas ejecutadas desde 1936, sumando las de ambas retaguardias, y las de la posguerra dictatorial, de los cuales se calculan 55.000 las víctimas de la violencia revolucionaria entre 1936 y 1939, y en torno a 150.000 las ejecuciones por los sublevados entre 1936 y 1945, sin que sean cifras todavía definitivas. Se debería añadir la sobremortalidad de unas 340.000 personas por enfermedades y hambrunas, lo que sumaría un total de 700.000 muertes. A esto se agregan otras cifras igualmente calamitosas: 300.000 personas exiliadas, más de 300.000 presos hacinados en cárceles y edificios ocupados con el fin de recluirlos, y otros tantos cientos de miles de soldados republicanos confinados en campos de concentración, casi todos entre 16 y 29 años. Sin duda, todas estas cifras constituyeron una rémora para relanzar la producción económica.

Quizás la crueldad y violencia en número de muertes puedan compararse con la guerra civil de 1833-1839, llamada carlista posteriormente, o también con la guerra contra Napoleón de 1808 a 1813, pero el calado social y las repercusiones de esta guerra civil, con los medios de comunicación existentes en 1936 y la larga dictadura de los vencedores, adquirieron un calibre inédito cuyas repercusiones perduran en la convivencia española al cabo casi de un siglo. Tras la victoria de los sublevados, la sociedad española enmudeció: la represión, el miedo a la muerte y a la cárcel marcaron la vida en toda España. Si desde el primer día de la sublevación militar se inició la cacería y asesinato de cuantos pudiesen ser partidarios de la República, y no hubo piedad ni con aquellos compañeros de armas que dudaron, tampoco la hubo al terminar la guerra.

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