Explore "El escritor y sus fantasmas" by Ernesto Sábato on Textopian. Read with annotations and highlights.
Siendo el demonio el señor de la tierra, el dilema del bien y del mal es el del cuerpo y el espíritu. Dilema que el racionalismo no fue capaz de superar: simplemente lo aniquiló, suprimiendo uno de sus términos. Con resultados perversamente dramáticos, pues las fuerzas oscuras son invencibles, y si son reprimidas por un lado, reaparecen por otro, con el resentimiento de los perseguidos. Le Neveu de Rameau parecería ser el ejemplo más significativo, pues ese personaje no es otro que el Mr. Hyde del progresista Diderot. El individuo demoníaco y pintoresco que habitaba los sótanos del correcto cientificista insurge en esas páginas con la violenta autenticidad con que siempre insurgen los sujetos que alborotan los subsuelos del ser. Con el mismo derecho que Flaubert (pero también con la misma innecesaria ingenuidad), Diderot podría haber confesado: «Le neveu de Rameau c'est moi».
Esta novela resulta así una de las más curiosas manifestaciones de la dialéctica existencial entre la luz y las tinieblas. Y el contraste casi didáctico entre el pensador progresista y el hombre endemoniado sólo volverá a dar de modo tan extremo en otro filósofo francés, en el narrador y pensador Jean-Paul Sartre. No hay casualidades en el dominio del alma, y si en la Francia tradicionalmente cartesiana se ha dado la más grande acumulación de endemoniados, desde el mariscal Gilles de Rais hasta Rimbaud, desde el marqués de Sade hasta Jean Genet, no es a pesar de esa propensión racionalista sino por ella misma. Las fuerzas de las tinieblas son invencibles, y si se las proscribe, como lo intentó el Iluminismo, se revuelven y estallan perversamente, en lugar de contribuir a la salud del hombre, como siempre sucedió en las culturas de los pueblos llamados primitivos.