Explore "Tradiciones locales" by Washington Irving on Textopian. Read with annotations and highlights.
El pueblo español tiene una pasion oriental á los cuentos, y señaladamente á los que refieren acontecimientos maravillosos. Es muy comun en España el ver á las gentes vulgares reunidas en un corro á la puerta de sus cabañas, ó bajo las inmensas campanas de las chimeneas de las ventas, escuchando embelesadas las leyendas en que se trata de las peligrosas aventuras de los viageros, ó de las refriegas de los ladrones y contrabandistas. Pero los temas favoritos de estas historias son los tesoros escondidos por los moros: al atravesar aquellas montañas desiertas, teatro otro tiempo de tantos combates gloriosos, no encuentra el viagero una sola atalaya puesta sobre un pico elevado en medio de las rocas, ó dominando un lugarejo que parece abierto á pico en la peña, sin que el mozo que le acompaña no se quite el cigarro de la boca para referirle alguna conseja de las monedas árabes que están enterradas bajo sus cimientos. Ni se halla tampoco un solo alcázar en las ciudades que no tenga tambien su historia dorada, trasmitida entre los pobres del pueblo de generacion en generacion.
Estas tradiciones, como la mayor parte de las fábulas populares, deben su orígen á algunos hechos verdaderos. Durante las guerras de moros y cristianos, que afligieron por tanto tiempo el pais, los castillos y las ciudades mudaban de dueño con gran frecuencia, y sus habitantes cuando se veían sitiados, solian enterrar sus alhajas y dinero en las cuevas y en los pozos, como se practica aun en las naciones guerreras del oriente. En la época de la espulsion de los moros, muchos de ellos escondieron los efectos mas preciosos que poseían, con la esperanza de regresar muy pronto á su tierra natal y recobrar su tesoro. Ello es cierto que algunas veces cavando entre las ruinas, ó en las inmediaciones de las casas ó palacios moriscos, se han hallado arcas llenas de monedas de oro y de plata, que vuelven á ver la luz despues de haber estado enterradas por espacio de muchos años; y basta un corto número de estos hechos para dar lugar á mil fábulas.