Explore "El Oro de Mallorca" by Rubén Darío on Textopian. Read with annotations and highlights.
Salieron del hotel con humor jovial, como al amor de una nueva juventud. El almuerzo había sido medianejo, pues no abundan los elementos culinarios en la ciudad, ni se cultiva la «bonne chère», aun en tal establecimiento que se estrenara con lujosos comienzos, decorado el comedor con floridos almendros del Catalán de los jardines, del famoso y excelente Santiago Rusiñol, y con bellas violencias de luz y fantasías de platea, en paisajes y visiones de Joaquín Mir.
Tomaron el tranvía que va por el Terreno, hasta Porto Pi, y que como todo lo de la isla, confirma el decir de George Sand: «mucha calma, c'est la sagesse majorquine».