Explore "Argumento" by Emilia Pardo Bazán on Textopian. Read with annotations and highlights.
¿Quién no conoce a aquel médico no sólo en la ciudad, sino en la provincia, y aun en Madrid, al que desdeña profundamente? Son muchas las cosas que desdeña, y entre ellas, el dinero. Lo desdeña con sinceridad, sin alharacas. Podría ser rico; su fama de mago, más que de hombre de ciencia, le permitiría exigir fuertes sumas por las curas increíbles que realiza; pero para él existen la conciencia, el alma, la otra vida -un sinnúmero de cosas que mucha gente suprime por estorbosas y tiránicas-, y se limita a tomar lo que basta al modesto desahogo de su existir. No tiene coche, ni hotel, ni cuenta corriente en el Banco; en cambio, espera tener un lugar en el cielo, al lado de los médicos que hayan cumplido con su deber de cristianos, que algunos hay, y hasta en el Santoral los encontramos, con su aureola y todo.
El doctor -llamémosle doctor Zutano- abre su consulta a las ocho de la mañana; y desde las cinco, en invierno, hay gente esperando en su portal, en su escalera y en su antesala, si el fámulo lo permite. Dentro ya, divídense los clientes: en un aposento aguardan los de pago, los ricos; en otro, aislado, los pobres, los que no pagan. Invariablemente, la consulta empieza por un pobre; pasa luego un rico, y así, alternativamente, hasta que el médico, rendido de cansancio, necesitando ya reparar las fuerzas con frugal almuerzo, da por terminada la faena del día. Jamás se vio ni leve diferencia en la duración de las consultas gratuitas y las pagadas. Con igual calma, con el mismo interés nuevo y fresco en cada caso, registra el doctor Zutano las peludas orejas de un faenero del muelle, que los limpios dientes, fregados con oralina, de la remilgada señorita, a la cual se dirige severo y conciso como un dómine. Porque el doctor reconoce siempre oídos y dientes ante todo, y uno de sus timbres de gloria es haber curado hasta casos de locura extrayendo, entre irónico y triunfante, una bolita de cera de un conducto auditivo.