Explore "La Isabelina" by Pío Baroja on Textopian. Read with annotations and highlights.
MIENTRASTANTO, la conmoción popular iba en aumento, los cristinos y los carlistas se venían a las manos en los Barrios Bajos, y todas las noches había jarana y tiros, y vivas a Carlos V y a la Constitución.
Los cafés estaban convertidos en centros políticos; cada cual tenía su matiz: la Fontana de Oro, Lorencini y la Cruz de Malta eran casi en bloque liberales doceañistas; el de los Dos Amigos, el de la Estrella y el Café Nuevo eran liberales exaltados; el de San Sebastián tenía una tertulia republicana; el de San Vicente, de la calle de Barrionuevo, y el de la Aduana, eran realistas; el de Solís, en la calle de Alcalá, era moderado. Los literatos iban al café del Príncipe y al de Solito; los militares indefinidos, al café de Venecia; los viejos aficionados al ajedrez y al dominó se metían en el de Levante, y los lechuguinos, en el de Santa Catalina. En general, el centro de Madrid era partidario de un liberalismo manso; los Barrios Bajos eran absolutistas.