Explore "Ángel Guerra" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
En efecto, Ángel Guerra tomó el tren de Toledo el 2 de Diciembre por la mañana. Sus primeros pasos en la histórica ciudad fueron vacilantes, sus horas aburridísimas, conforme al estado de indecisión de su voluntad y al cansancio del viaje. Dio con su cuerpo en una de las detestables fondas toledanas, y por la tarde, después de vagar a la aventura de calle en calle, sentándose a ratos en solitaria plazoleta, o persiguiendo el misterio que precedía sus pasos a la vuelta de cada esquina y en la curva de las retorcidas calles, pensó en la obligación de visitar a sus parientes. Sentía el desasosiego, la inapetencia moral que inspira la proximidad de personas con quienes se tiene más parentesco que relaciones amistosas, y de buena gana habría prescindido de la visita.
Conviene repetir que esta parentela se dividía en dos ramas: rica y pobre. La pobre hallábase reducida últimamente a una prima hermana del padre de Guerra, llamada Teresa Pantoja, viuda de un cerero de la calle Ancha. Ángel la había visto algunas veces en Madrid y en su casa, por San Isidro, y conservaba de ella buen recuerdo. Apreciábala mucho doña Sales, que puntualmente recibía de ella, por Navidad, una caja de mazapán y otra de los celebrados bizcochos de Labrador para chocolate; y le correspondía con un mantón de ocho puntas o un corte de vestido. Al enviudar, la doña Teresa suspendió sus excursiones de Mayo a Madrid; pero seguía en amistoso carteo con doña Sales.