Explore "Ángel Guerra" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Lo mismo fue verle el capitán que reanimarse, y de su alegría sacó fuerzas para vencer lo que le restaba de la cuesta. Al llegar junto a su amigo, dejose caer en un peñón, y poco menos que llorando, dijo; «D. Ángel, yo creí que no llegaba. Vengo a que usted me recoja. ¿No me dijo que me recogería? Aquí me tiene medio muerto de cansancio, de hambre, de frío, de sed. Ya estaba decidido, decididísimo, señor don Ángel a echarme de remojo en el Tajo. cuando me acordé de usted, y dije, «me recogerá, tendrá lástima de este veterano de la mar». Porque ha de saber usted que me echaron, me despidieron, me despacharon para Madrid, consignado a Naturaleza, y yo me fui, diga, no me fui, me quedé. ¡Qué nochecita! Un viento entablado del Norte que le helaba a usted las intenciones. Total, que en preparar el estómago para el viaje se me pasó el tiempo; el tren dio avante toda, y yo me quedé; y en arrancharme se me han pasado tres días, vira para aquí, vira para allá, barajando las calles, y tomando nota de los establecimientos. ¿Qué había de hacer? No puede uno remediarlo. Cátalo aquí, cátalo allá, se me acabó el dinero que me dieron para el viaje; pero como mi dignidad de capitán de derrota me prohibía humillarme, no quise volver de arribada a casa de Simón, y. lo que digo, tres días y tres noches sin ver catre ni comida caliente, es a saber, de la que se hace con fuego natural. Descabezaba un sueñecico por la mañana en los conventos de monjas; por la noche otro sueñecico en los bancos de cualquier plazuela. Hasta que dije: «Ya no más. Que me tiro al agua, que me tiro. A la una, a las dos.» Pero ¿qué resulta, Carando? que cuando uno se quiere retirar se queda quieto, porque no sabe lo que hay a sotavento. Total, que preguntando me he venido a este tabacal, donde usted hará conmigo lo que guste. ¿Me recoge? Pues aquí me quedo. ¿No me recoge? Pues me tiro, y ahí te quedas, mundo amargo.
-Ya lo creo; sí, le recojo a usted -dijo Ángel, llevándole hacia la casa. Lo malo, amigo D. Pito, es que aquí no tenemos bebidas alcohólicas. ¡Ah! sí, puede que Cornejo tenga anís. Veremos.