Explore "Ángel Guerra" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Puntual a la cita, Ángel penetró en el antro Babélico a las tres de la tarde. Recibiéronle Dulce y doña Catalina, que se creyó en el deber de poner unos morros de a cuarta, temerosa de nuevas complicaciones.
Pero la buena señora, que ya había observado en su hija cierta tranquilidad al dar cuenta del encuentro en la parroquia y de la anunciada visita, notó con asombro que la recibía sin visible alteración. A poco de cambiarse las fórmulas de urbanidad y las primeras manifestaciones referentes a la salud, Dulcenombre, con perfecto aplomo y semblante risueño, se dejó decir esto: «Ya estoy curada, curada de todo, de todo; fíjate bien. El Santísimo Cristo de las Aguas se ha portado conmigo como un caballero, concediéndome lo que con tanta devoción le pedí».