Explore "Juicios sumarios I" by Rosario Castellanos on Textopian. Read with annotations and highlights.
Del Perú dijo alguna vez Luis Alberto Sánchez que era un pueblo espectador por excelencia. La frase podría aplicarse con igual validez a México. Nos gusta permanecer al margen, más que tomar parte en los sucesos. Si algo acontece en la calle -un accidente, un desmayo o, para no complicarse más, si alguien se detiene, levanta los ojos al cielo y contempla con fijeza un punto distante- de inmediato se arremolina un grupo de curiosos. La mayor parte de ellos observa, se horroriza, comenta, interroga. Quizá alguno, influido por la lectura de novelas policiacas, se apresura a apuntar el número de las placas del automóvil fugitivo; otro lamenta no recordar el teléfono de la Cruz Roja o de la policía y el último, padeciendo ya los síntomas indicadores de una tortícolis inminente, se retira sin haber averiguado qué era lo que mantenía suspensa la atención de los demás en el espacio infinito y, al menos para él, deshabitado.
La distancia estética en que nos gusta situarnos ante los hechos es lo que nos impide protestar cuando esos hechos nos perjudican. Recordemos un ejemplo frecuente: subimos a un camión y lo primero con lo que topan nuestros ojos es con una serie de letreros que constituyen el reglamento interno al que acabamos de someternos. En algunos casos son órdenes que nunca nos atreveríamos a transgredir; en otros son avisos de los derechos que podemos ejercer. Entre estos últimos está el de que el vehículo nos conduzca por su ruta acostumbrada, sin desviaciones ni interrupciones, hasta el punto al que deseamos llegar. Con tal fin, se prohíbe estrictamente al chofer que cargue gasolina mientras haya pasajeros. La prohibición es expresa y clarísima y, sin embargo, ¿qué sucede? Que de pronto escuchamos una interjección de sorpresa y de disgusto, proferida por el chofer, y que unos segundos más tarde nos encontramos detenidos en una estación gasolinera llenando el tanque, revisando el aire de las llantas y permitiendo que un joven oficioso limpie los vidrios con una estopa.