Explore "Guardia blanca" by Sir Arthur Conan Doyle on Textopian. Read with annotations and highlights.
CASO muy raro sería que un joven de veinte años, lleno de salud y vida, dedicase las primeras horas de absoluta independencia gozadas desde la infancia á llorar la celda de su convento y la disciplina del claustro. Sucedió, pues, que la emoción de Roger fué poco duradera y que aun antes de perder de vista á Belmonte recobró la alegría propia de sus años y pudo apreciar en toda su belleza los primores del paisaje. Era una tarde hermosísima; los rayos del sol caían oblicuamente sobre los frondosos árboles, trazando en el camino arabescos de sombras, alternados con anchas franjas doradas. Entre los árboles y en cuanto alcanzaba la vista, tupidos arbustos, amarilleando algunos al soplo del otoño. Al perfume de las flores se unían las gratas emanaciones resinosas de los pinares y sólo el rumor de claros arroyuelos interrumpía de cuando en cuando el murmullo de la brisa entre las ramas y el canto de los pájaros.
Pero aquella soledad y quietud de los campos eran sólo aparentes. La vida se desarrollaba vigorosa y activa en ellos y en los vecinos bosques. Insectos de brillantes colores zumbaban en torno de hojas y flores; juguetonas ardillas suspendían sus escarceos para mirar al insólito caminante desde lo alto de las ramas, y ya se oía el gruñido del fiero jabalí en el matorral, ya el roce de las hojas secas pisadas por el gamo, que huía á todo correr.