Explore "Sredni Vashtar" by Hector Hugh Munro on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando Conradin tenía diez años, el doctor pronosticó que no tardaría ni cinco más en morir. Aunque el doctor era un tipo amanerado y pusilánime cuya opinión apenas contaba para nada, su parecer gozaba de la aprobación de Mrs. De Ropp, a quien había que tener en cuenta para casi todo. Mrs. De Ropp era la prima y tutora de Conradin, y a los ojos del chico representaba esas tres quintas partes del mundo circundante que están formadas por lo inevitable, lo desagradable y lo real, mientras que los dos quintos restantes, como en una perenne oposición a todo lo anterior, se resumían para él en sí mismo y en su imaginación. Conradin estaba firmemente convencido de que el día menos pensado acabaría sucumbiendo ante la insalvable presión que sobre él ejercían cosas tan inevitables como las enfermedades, la ausencia de afecto y el interminable aburrimiento, y de no ser por su imaginación, que se veía estimulada por el acoso implacable de la soledad, haría ya tiempo que hubiese pasado a mejor vida.
Mrs. De Ropp jamás hubiera sido capaz de reconocer, ni siquiera en sus momentos de mayor honestidad, que Conradin le desagradaba, si bien sí hubiera llegado a confesar tímidamente que reprenderle «por su bien» era una tarea que no le resultaba irritante en lo más mínimo. Por ello Conradin la odiaba con una intensidad que había aprendido a disimular a la perfección. No en vano, todos aquellos escasos placeres que era capaz de idear por sí mismo le resultaban mucho más gratos cuando se tenían en cuenta, por un lado, la posibilidad de que disgustaran a su tutora, y por otro, el hecho de que ésta se hallase por entero excluida del reino de su imaginación como si se tratase de un ser maligno que nunca debiera encontrar el camino de entrada.