Explore "Las furias" by Pío Baroja on Textopian. Read with annotations and highlights.
EL capitán Arnau, hombre tosco, no muy amable, me recibió de una manera un tanto ruda. Me convidó a comer en su casa y me llevó por la tarde al escritorio del señor Serra, que tenía un gran almacén de granos y de harinas en una calle próxima al puerto. El señor Serra me sometió a un interrogatorio, y gracias al capitán Arnau, que vino en mi ayuda, pude salir bien del paso. Hice valer mis conocimientos y entré en la casa como escribiente y tenedor de libros, con veinticinco duros al mes.
Ya aceptado y con un empleo fijo, tuve que pensar en la cuestión del alojamiento, cuestión difícil, porque había por entonces mucha guarnición en el pueblo y dos o tres regimientos más que de ordinario, con lo cual todas las fondas y casas de huéspedes estaban ocupadas por oficiales.