Tirante el blanco by Joanot Martorell — Read

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Cuando Tirante hubo sanado de la pierna, a menudo iba a palacio sin ayuda de nadie. El emperador continuamente preguntaba a los médicos cuántos días tenían que pasar para que lo dieran por curado para poder partir y ellos le decían que muy pronto se encontraría en disposición de cabalgar. Tirante se angustiaba al saber que el emperador deseaba su partida y que aún no podía dar cumplimiento a su deseo ni tan siquiera llegar a un acuerdo con Carmesina.

El padecimiento que la Viuda Reposada tenía al escuchar que el emperador quería que Tirante partiese lo más pronto posible, la indujo a convencer a Tirante para que le permitiese acompañarlo con la excusa de servirlo. Y si no podía conseguirlo, con su diabólica mente, deliberó sembrar en la corte una semilla que se llama cizaña, mezclada con mala voluntad. Por eso fue a la princesa y le dijo:

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