Explore "Dulce dueño" by Emilia Pardo Bazan on Textopian. Read with annotations and highlights.
Apagado el eco sordo de mi risa, absorbida ampliamente la bocanada de fragancia amargosa -tomillo, jara, brezo, menta-, sobre el sendero que alumbra el sol declinando, veo avanzar a dos hombres.
Representamos la comedieta. «¡Usted por aquí, don Antón!». Y lo demás. Autorizado, se acerca el acompañante. La luz poniente enciende su cara, de un tono en que la palidez parece difamada con arcilla. Se descubre, y veo su pelo tupido, rizoso, su frente bruñida aún por la juventud, sus ojos azules, miopes, indecisos detrás de los quevedos, que le han abierto un surco violáceo a ambos lados de la nariz. Es de corta estatura, de pecho hundido, y se ve que viene atusado; no hay peor que atusarse, cuando falta la costumbre. El proco huele a perfume barato y a brillantina ordinaria. Lleva guantes completamente nuevos, duros. Sus botas, nuevas también, rechinan.