Explore "Dulce dueño" by Emilia Pardo Bazan on Textopian. Read with annotations and highlights.
Salí de Madrid dos semanas después, al anochecer, con una maleta vieja por todo equipaje. Llevaba puesto lo más sencillo que encontré en mi guardarropa: traje sastre, de sarga, abrigo de paño color café con leche. Ni guantes, ni sombrero. Un velillo resguardaba mi cabeza y mi faz, ya deshinchada, en que sólo la mella del diente recordaba el suceso. Mi peinado era todo recogimiento y modestia.
Antes de emprender la caminata, por la mañana, me había arrodillado en la iglesia de Jesús, a los pies de un capuchino joven, de amarilla tez venada de azul, barbitaheño, consumido y triste. Oyome casi impasible; un movimiento ligero de párpados, una palpitación de las afiladas ventanas de la nariz. Un instante sólo le vi alterado, expresando pasión.