Explore "Santa" by Federico Gamboa on Textopian. Read with annotations and highlights.
Derechamente, sin asomos de titubeos ni vacilaciones, como golondrina que se reintegra al polvoriento alero donde quedó su nido desierto resistiendo escarchas y lluvias, así Santa enderezó sus pasos fugitivos a la casa de Elvira, sin ocurrírsele que le sobraban recursos más seguros y más honestos, sobre todo; sin rememorar sus proyectos bordados hacía algunos meses, cuando la muerte de su madre habíale estrujado el espíritu y prometídole, con el abandono del vicio, una resurrección de alma y de cuerpo. Nada de eso.
Perseguida por el terrible mirar de el Jarameño, aquel mirar preñado de homicidio que la hizo suponerse en su última hora, huyó de La Guipuzcoana, humillada, trémula, gacha la hermosa cabeza, en los suelos los ojos, el acobardado corazón batiéndole sin ritmo; ora a gran prisa, cual si le urgiese salir de la cárcel, ora muy despacio, cual si en su pánico tratase de esconderse en ignoradas entrañas recónditas. Bien que advirtió en corredor y ventanas la presencia de la patrona y de los huéspedes, pero airados todos, todos inmóviles, todos agresivos, echándole en cara, con sus actitudes, que sabían su porquería y a una se la reprobaban. Por no tropezar recogióse la falda, y no creyéndose en cobro ni en el zaguán de La Guipuzcoana, salió a la acera, unos cuantos pasos, para no llamar la atención del diluvio de paseantes, con su cabeza al aire, vestida de casa y sin abrigo.