Explore "Miau" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cadalsito estaba en el comedor, sentado á la mesa, los codos sobre ella, los libros delante. Éstos eran tantos, que el escolar se sentía orgulloso de ponerlos en fila, y parecía que les pasaba revista, como un general á sus unidades tácticas. Estaban los infelices tan estropeados, cual si hubieran servido de proyectiles en furioso combate; las hojas retorcidas, los picos de las cubiertas doblados ó rotos, la pasta con pegajosa mugre. Pero no faltaba á ninguno, en la primera hoja, una inscripción en letra vacilante que declaraba la propiedad de la finca, pues sería en verdad muy sensible que no se supiera que pertenecían exclusivamente á Luis Cadalso y Villaamil. Éste cogía uno cualquiera, á la suerte, á ver lo que salía. ¡Contro, siempre salía la condenada Gramática!. Abríala con prevención y veía las letras hormiguear sobre el papel iluminado por la luz de la lámpara colgante. Parecían mosquitos revoloteando en un rayo de sol. Cadalso leía algunos renglones. «¿Qué es adverbio?» Las letras de la respuesta eran las que se habían propuesto no dejarse leer, corriendo y saltando de una margen á otra. Total, que el adverbio debía de ser una cosa muy buena; pero Cadalsito no lograba enterarse de ello claramente. Después leía páginas enteras, sin que el sentido de ellas penetrara en su espíritu, que no se había desprendido aún del asombro de la visión; ni se le había quitado el malestar del cuerpo, á pesar de haber comido con tanta gana; y como notase que al fijar la atención en el libro se ponía peor, tuvo por buen remedio el ir doblando una á una las puntas de las hojas de la Gramática, hasta dejar el pobre libro rizado como una escarola.
En esto estaba cuando sintió que su abuelo salía del despacho. Se le había apagado la luz por falta de petróleo, y aunque no escribía, la obscuridad le lanzó de su guarida hacia el comedor. En éste y en el pasillo se paseó un rato el infeliz hombre, excitadísimo, hablando solo y dando algunos tropezones, porque la desigual y en algunos puntos agujereada estera no permitía el paso franco por aquellas regiones.