Miau by Benito Pérez Galdós — Read

Explore "Miau" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.

Nuestro infortunado Villaamil no vivía desde el momento aciago en que supo la colocación de su yerno, y para mayor desdicha el prohombre ministerial no le hacía caso. Inmediatamente después de almorzar, se echaba á la calle, y se pasaba el día de oficina en oficina, contando su malaventura á cuantos encontraba, refiriendo la atroz injusticia, que, entre paréntesis, no le cogía de nuevo; porque él, se lo podían creer, nunca esperó otra cosa. Cierto que, apretado por la fea necesidad, y llegando á sentir como un estorbo en aquel pesimismo que se había impuesto, se lo arrancaba á veces como quien se arranca una máscara, y decía, implorando con toda el alma desnuda: «Amigo Cucúrbitas, me conformo con cualquier cosa. Mi categoría es de Jefe de Administración de tercera; pero si me dan un puesto de oficial primero, vamos, de oficial segundo, lo tomo, sí señor, lo tomo, aunque sea en provincias.» La misma cantinela le entonaba al Jefe del Personal, á todos los amigos influyentes que en la casa tenía, y epistolarmente al Ministro y á Pez. Á Pantoja, en gran confianza, le dijo: «Aunque sea para mí una humillación, hasta oficial tercero aceptaré por salir de estas angustias. Después, Dios dirá».

Luego iba de estampía contra Sevillano, de quien se hablará después, empleado en el Personal, el cual le decía con expresión de lástima: «Sí, hombre sí, cálmese usted; tenemos nota preferente. Debe usted procurar serenarse». Y le volvía la espalda. Poco á poco fué el santo varón desmintiendo su carácter, aprendiendo á importunar á todo el mundo y perdiendo el sentido de las conveniencias. Después de verle andar por las oficinas, dando la lata á diferentes amigos, sin excluir á los porteros, Pantoja le habló en confianza:

Reading navigation