Explore "La araña negra, Tomo 4" by Vicente Blasco Ibáñez on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando a la mañana siguiente el conde de Baselga vió entrar en su despacho a su amigo el jesuíta, llamóle la atención inmediatamente la expresión de alegría que llevaba impresa en el rostro.
Acababa el conde de levantarse; eran las ocho de la mañana y en la otra ala de la casa, o sea donde estaban situadas las habitaciones de doña Fernanda y de Enriqueta, todo estaba en silencio, velado por la dulce penumbra del sueño matutino.