Explore "Autobiografía" by Rubén Darío on Textopian. Read with annotations and highlights.
Vivía yo en casa del Licenciado Modesto Barrios, y este licenciado gentil me llevaba a visitas y tertulias. Una noche oí cantar a una niña.
Era una adolescente de ojos verdes, de cabello castaño, de tez levemente acanelada, con esa suave palidez que tienen las mujeres de Oriente y de los trópicos. Un cuerpo flexible y delicadamente voluptuoso, que traía al andar ilusiones de canéfora. Era alegre, risueña, llena de frescura y deliciosamente parlera, y cantaba con una voz encantadora. Me enamoré desde luego; fué «el rayo», como dicen los franceses. Nos amamos. Jamás escribiera tantos versos de amor como entonces. Versos unos que no recuerdo y otros que aparecieron en periódicos y que se encuentran en algunos de mis libros. Todo aquel que haya amado en su aurora sabe de esas íntimas delicias que no pueden decirse completamente con palabras, aunque sea Hugo el que las diga. Esas exquisitas cosas de los amores primeros que nos perfuman la vida, dulce, inefable y misteriosamente.