Explore "Autobiografía" by Rubén Darío on Textopian. Read with annotations and highlights.
La noche que me dedicara D. Juan Valera, y en la cual leí versos, me dijo: «Voy a presentar a usted una reliquia». Como pasaran las doce y la reliquia no apareciese, creí que la cosa quedaría para otra ocasión, tanto más, cuanto que comenzaban a retirarse los contertulios. Pero D.
Juan me dijo que tuviese paciencia y esperase un rato más. Quedábamos ya pocos, cuando a eso de las dos de la mañana, sonó el timbre y a poca entró, envuelto en su capa, un viejecito de cuerpo pequeño, algo encorvado y al parecer bastante sordo. Me presentó a él el dueño de la casa, mas no me dijo su nombre, y el viejecito se sentó a mi lado. El para mí desconocido, empezó a hablarme de América, de Buenos Aires, de Río de Janeiro, en donde había estado por algún tiempo con cargos diplomáticos o comisiones del gobierno de España; y luego, tratando de cosas pasadas de su vida, me hablaba de «Pepe»: «Cuando Pepe estuvo en Londres». «Un día me decía Pepe». «Porque como el carácter de Pepe era así». El caso me intrigaba vivamente. ¿Quién era aquel viejecito que estaba a mi lado? No pude dominar mi curiosidad, me levanté y me dirigí a D. Juan Valera. «Dígame, señor, le dije, ¿quién es el señor anciano a quien usted me ha presentado?»-«La reliquia», me contestó. «¿Y quién es la reliquia?» «Bueno es el mundo, bueno, bueno, bueno».