Explore "Los mineros de Alaska" by Emilio Salgari on Textopian. Read with annotations and highlights.
Tres días después, dejando atrás bosques espesos, profundos barrancos y nuevos pantanos, los cinco compañeros llegaban por fin a las fuentes del Barem y no tardaron en hallar el valle de las dos cataratas, resguardado por las altas cumbres de la cadena del Dom.
Aquel lugar, quizá nunca visitado por persona humana, ni aun por los indios, que siempre suelen mantenerse próximos a las orillas de, los grandes ríos, siendo por aquellos territorios más pescadores que cazadores, era bello y grandioso, con la hermosura y grandiosidad de lo agreste y salvaje. Pinos majestuosos lo bordeaban, alzando sus copas a sesenta metros del suelo o más, y proyectando densa sombra por los lados; las montañas, cubiertas de una verdadera selva de cedros y abetos, con sus cumbres cubiertas de nieve, cerraban el valle, y dos ramificaciones del Dom, a derecha e izquierda del Barem, servían de marco a los gigantescos pinos, encerrando el valle como en un soberbio marco por tres partes.