Explore "El Hombre Mediocre" by José Ingenieros on Textopian. Read with annotations and highlights.
Todo lo que existe es necesario. Los mediocres son útiles para el equilibrio social: poco importa que ellos se cuenten por millares y los idealistas en dedos de una mano. Sin la sombra ignoraríamos el valor de la luz. La infamia nos induce á respetar la virtud; la miel no sería dulce si el acíbar no enseñara á paladear la amargura; admiramos el vuelo del águila porque conocemos el arrastramiento de la oruga; encanta más el gorjeo del ruiseñor cuando se ha escuchado el silbido de la serpiente. De igual manera todo hombre posee un valor de contraste, si no lo tiene de afirmación; es un detalle necesario en la infinita evolución del protohombre al superhombre. El mediocre, peldaño social entre el imbécil y el genio, representa un progreso comparado con el primero y ocupa su rango si le comparamos con el segundo. Si fuera inútil no existiría: la selección natural habríale exterminado. Ello no ocurre. Sus idiosincracias son relativas al medio y al momento en que actúa. Es tan necesario para la sociedad como las palabras para el estilo; pero no basta alinearlas para crearlo. La mediocridad yace en el diccionario; el estilo es una originalidad individual.
Los temperamentos idealistas, románticos, imaginativos, sea cual fuere su escuela filosófica ó su credo literario, le son hostiles. Toda moral individualista ó estética condena la mediocridad: desde Renán y Hugo hasta Guyau y Flaubert. La creación de belleza es un esfuerzo original; la historia del arte conserva los nombres de pocos creadores y olvida á innúmeros secuaces que los imitan.