Explore "El Hombre Mediocre" by José Ingenieros on Textopian. Read with annotations and highlights.
La Rutina es un esqueleto fósil cuyas piezas resisten á la carcoma de los siglos. No es hija de la experiencia; es su caricatura. La una es fecunda y engendra verdades; estéril la otra y las mata. En su órbita giran los espíritus mediocres. Evitan salir de ella y cruzar espacios nuevos; repiten que es preferible lo malo conocido á lo bueno por conocer. Ocupados en disfrutar lo existente, cobran horror á toda innovación que turbe su tranquilidad y les procure desasosiegos. La ciencia, el heroísmo, las originalidades, los inventos, la virtud misma, parécenles instrumentos del mal, en cuanto desarticulan los resortes de sus errores: como en los salvajes, en los niños y en las clases incultas.
Acostumbrados á copiar escrupulosamente los prejuicios del medio en que viven, aceptan sin contralor las ideas destiladas en el laboratorio social: como ciertos enfermos de estómago inservible se alimentan con substancias ya digeridas en los frascos de las farmacias. Su impotencia para asimilar ideas nuevas los constriñe á frecuentar las antiguas. La Rutina, síntesis de todos los renunciamientos, es el hábito de renunciar á pensar. En los rutinarios todo es menor esfuerzo; la acidia aherrumbra su inteligencia. Cada hábito es un riesgo; la familiaridad aviene á las cosas detestables y á las personas indignas. Los actos que al principio provocaban pudor, acaban por parecer naturales; la retina percibe los tonos violentos como simples matices, el oído escucha las mentiras con igual respeto que las verdades, el corazón aprende á no agitarse por torpes acciones.