El Hombre Mediocre by José Ingenieros — Read

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El castigo de los envidiosos estaría en cubrirlos de favores, para hacerles sentir que su envidia es recibida como un homenaje y no como un estiletazo; los bienes que el envidioso recibe constituyen su más desesperante humillación. Si no es posible agasajarle, es necesario ignorarle; tomar cuenta de su infamia sería hacerle favor.

El envidioso es la primera víctima de su propio veneno; la envidia le devora como el cáncer á la víscera, le ahoga como la hiedra á la encina. Por eso el Poussin, en una tela admirable, pintó á este monstruo mordiéndose los brazos y sacudiendo la cabellera de serpientes que le amenazan sin cesar.

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