El Hombre Mediocre by José Ingenieros — Read

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El instrumento de esa contaminación general es, en nuestra época, el sistema parlamentario: todas las formas de parlamentarismo. Antes presumíase que para gobernar se requería cierta ciencia y el arte de aplicarla; ahora se ha convenido que Gil Blas, Tartufo y Sancho son los árbitros inapelables de esa ciencia y de ese arte.

La política se degrada, conviértese en profesión. Los espíritus subalternos florecen en los establos del sufragio universal. En la bajamar sube lo rahez y se acorchan los traficantes. Toda excelencia desaparece, eclipsada por la mediocridad. Se instaura una moral hostil á la firmeza y propicia al relajamiento. El gobierno va á manos de gentualla que abocada el presupuesto. Abájanse los adarves y álzanse los muladares. El lauredal se agosta y los cardizales se multiplican. Los palaciegos se mancornan con los malandrines. Progresan funámbulos y volatineros. Nadie piensa, donde todos lucran; nadie sueña, donde todos tragan. Lo que antes era estigma de infamia ó cobardía, tórnase jactancia de astucia; lo que otrora mataba, ahora vivifica, como si hubiera una aclimatación al ridículo; sombras envilecidas se levantan y parecen hombres; la improbidad se pavonea y ostenta, en vez de ser vergonzante y pudorosa. Lo que en las patrias se cubría de vergüenza, en los países cúbrese de honores.

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