Explore "El cuarto poder" by Armando Palacio Valdés on Textopian. Read with annotations and highlights.
Salían ya del teatro los que habían quedado. Gonzalo tropezó con la ola de gente que vomitaba la puerta, y así como fué reconocido, se apresuraron a rodearle y saludarle sus antiguos amigos. El primero que le echó los brazos al cuello fué don Mateo, después vino don Pedro Miranda y su hijo Periquito, en seguida el alcalde don Roque, después don Victoriano y su esposa doña Rosario y sus tres hijas. En un instante se formó círculo en torno del joven, quien se apresuraba a contestar con efusión a los plácemes, abrazos y apretones de manos que de todos sitios le venían. Los marineros, las mujeres del pueblo tomaban parte en aquellas manifestaciones de cariño lo mismo que los señores. No se oían más que exclamaciones de admiración y alegría.
-Cuánto has engordado, Gonzalito.-¡Vaya un real mozo!-¿Por qué no creces como él, Periquito?-Don Gonzalo, les come usted las sopas en la cabeza a todos los mozos de Sarrió.-Crecer no ha crecido, lo que ha hecho es doblar de cuerpo.-Ven acá, granadero, dame un abrazo apretado.