Explore "La esfinge maragata" by Concha Espina on Textopian. Read with annotations and highlights.
A la sombra de la nublada frente, los ojos de don Miguel estaban tristes; retirado el sacerdote a su aposento, con las manos entre las rodillas y el busto inclinado en el «escañil», meditaba sin tregua.
¡Vaya un conflicto! ¡En buen hora la compasión y la amistad lleváronle a ser consejero y tutor de la familia Salvadores! Toda la solicitud con que él defendía los embrollados asuntos de esta pobre gente, no bastaba a prevenir su adversidad.