Explore "El médico rural" by Felipe Trigo on Textopian. Read with annotations and highlights.
Seis días después, por influjo del señor Porras, lograron mudarse a una de las casas más decentes del lugar: la del tío Boni, viejo gordo y gigantesco, de cara y ademanes de arzobispo, que partía temprano hacia su viña, detrás y al paso lento de una yunta de borricas, no volviendo hasta la noche, y cuya mujer, alta, seca, garrotosa, pero limpia, padecía ataques epilépticos. Sin hijos, este matrimonio redújose a dos cuartos interiores, cediéndole al médico lo mejor de la vivienda.
Jacinta pudo ver sus muebles en una sala y una alcoba que, si bien pequeñas, tenían bóvedas, suelo de cal y ventana con un minúsculo cristal en un postigo; a desear más luz, podría abrirse completamente la ventana, poniéndola un bastidor de muselina, que defendía de la maldita paja de la calle.