Explore "El médico rural" by Felipe Trigo on Textopian. Read with annotations and highlights.
-«¡Castellar! ¡Oh!. ¡Tres mil. cinco mil pesetas». Feliz obsesión de Esteban y de todos.
Desde que se levantaban, abriendo los ojos a la persuasión que les imponía en la hermosa casa la bella realidad, reíanse y saltaban de contentos. Nora les mostraba los regalos que íbanles haciendo: jamones y quesos y gallinas; aparte los carros de leña con que les llenaban los corrales. Él y Jacinta, tomando el desayuno en el amplio comedor, cuyas dos rejas, sombreadas por la fronda de un parrón, daban a un patio de baldosas en que a sus anchas podía jugar Luisín sin ensuciarse, se asombraban de tanta esplendidez. Quedábanse por un rato en cónclave de locos regocijos.-« ¡Anda, anda, el doctor Peña!» - «¡Anda, anda, Juan Alfonso!» - «¡Y un buen pueblo, de gente fina, con campanas, con buñuelos, ¿eh?., con buena carne de carneros matados cada día!» - «¿Ves, Nora, mujer?. Cinco mil pesetas. ¡porque sí, se sacarán!. ¡nada menos que mil duros, como un teniente coronel! ¡Como mi padre, de un golpe!» -«Pero, ¿qué vas a hacer con tanto, pelagatos?.» Gritaban, reían, besábanse. Besaba incluso Nora a Esteban, más alucinada que ellos mismos de tal caudal futuro en tanta juventud.