El médico rural by Felipe Trigo — Read

Explore "El médico rural" by Felipe Trigo on Textopian. Read with annotations and highlights.

Durante el mes de agosto habían ocurrido en Castellar grandes novedades. El Colita murió de otro formidable ántrax, que no pudo curarle Esteban, a pesar de su interés. Ya veinte días antes -a los muy pocos de haber caído en Madrid el Gobierno- fue Gironza nombrado juez, en sustitución de Pablo Bonifacio, y éste, alcalde; y fue el primer acto de las dos autoridades el de procesar a muchos concejales, cambiándolos por amigos. Mas para que los atribuladísimos «señores» no pudiesen dudar que las influencias eran de Evelina, exclusivamente de Evelina, sin maldita la intervención del esposo, he aquí que el flamante partido republicano socialista, bajo los auspicios de la viuda, y con el genuino apoyo de la Sociedad cooperativa, apercibíase ahora lleno de pujanza a la elección de diputados: dueños de los gubernativos resortes y de la mayoría del censo, una Comisión de obreros acababa de visitar al candidato don Juan de Dios Martínez Navas, casi perpetuo representante en Cortes, por lo demás, de este distrito (y no hay que decir si uña y carne con don Indalecio Márquez), ofreciéndosele a condición de que instituyese jefe local a Pablo Bonifacio, y de que se mostrase en resuelta hostilidad contra sus antiguos amigos los «señores». Don Juan de Dios aceptó. La concordia quedó hecha, y gracias a una suprema razón de la sinrazón política, sin alma, sin entrañas, rota con los «señores» y con el propio don Indalecio la amistad del diputado.

Cuando ellos tuvieron que rendirse a la dura realidad, al ver que el don Juan de Dios -¡un medio pariente, y sin que el otro pariente senador se le opusiera!- sosteníales los procesos, ponían el grito en la luna y no acertaban a explicarse qué clase de mujer o de demonio fuese aquélla con tantas influencias, con tantas osadías, y que habría venido a su propio deudo a aniquilarlos.

Reading navigation