Explore "En la carrera" by Felipe Trigo on Textopian. Read with annotations and highlights.
Madrid, tras dos semanas de lluvia, que había mojado ya los renuevos tiernos de los árboles, resurgía en una definitiva y dulce primavera oliente a acacias, a lilas, a nardos. De vuelta de las clases, Esteban se paraba en los paseos a contemplar las platabandas de alhelíes y a las yemas verdegay que formaban en las oscuras ramas de los cedros sumidades muy vistosas. Esto, y las grecas y festones hechos con los tonos claros de picadas hierbas sobre el trébol, recordábanle las zapatillas de cañamazo y lana dulce que a su hermana él había visto bordar alguna vez. Los jardineros madrileños eran buenos bordadores, y en medio de cada florón del jardín, una estatua blanqueaba.
Le daban ahora tanta envidia estas estatuas, al sol, bajo las ramas y los pájaros, oyendo no lejos el eco de una fuente, como frío y compasión habíale dado tiempo atrás el pobre Goya, sentado y sin poderse mover de su sillón de bronce de la escalinata del museo, ni en los más terribles días de huracán y de granizo.