Explore "Los abismos" by Felipe Trigo on Textopian. Read with annotations and highlights.
Un tren que sobre el estruendo de sus ruedas los bamboleó por muchas horas, que se detuvo en muchas estaciones, y que, a media noche, entre las inclemencias del frío y de las tinieblas, tuvieron los dormidos niños y la desvelada Libia que dejar en la más abandonada al desamparo de los campos. Una espera hasta el amanecer en los bancos de un vestíbulo, bajo el farol de aceite y contra fardos de patatas y sardinas. Una desvencijada diligencia que los recogió apretadamente y que durante el día entero los fue arrastrando con su monótono campanillear por la blanca carretera tendida sin fin en áridas campiñas. Un ruin mesón de pueblo grande, aceptado a la mitad del viaje para darle en la segunda noche a la enferma un poco de reposo; mal mesón, con honores de fonda, sin braseros, alumbrado con bujías, y en donde cenaron sopas de anís y gallo frito. La diligencia otra vez, recogiendo al salir el sol a los que no lograron descansar por culpa de los mosquitos y serenos; la carretera interminable, de nuevo, subiendo fatigosa a unas montañas, y a las tres de la tarde, la cima, el puerto, la venta como de ladrones en que aguardaban los rústicos sirvientes cuidando los borricos; una sopa todavía, de huevos y jamón, en tanto se cargaba a lomo de las bestias el complicadísimo equipaje; lanzada luego la gitanesca caravana por los abruptos senderos a los hondos valles que cambiaron el paisaje a frondosidad de maravilla; pinos, águilas, simas, canchos.; y salvado con luz del día lo más salvaje y peligrosamente agreste de esta última etapa de la marcha, el retorno sobre los caminantes del frío de las estrellas en una llanura inmensa de rañas, de jarales, en donde aullaban los lobos.
Cuando Libia descendió yerta a las puertas de la casa, y seguida de guardas y pastores entró en el destartalado cocinón en donde sólo halló la nota alegre de un gran fuego, creyó que la piadosa Mari no hubiese querido sino traerla a morir tranquila en un destierro, perdidamente. lejos, tan lejos, tan lejos, con aquellas llanuras y aquellas sierras y aquellas carreteras infinitas y aquel tren apartándola del mundo que aún sobre la muerta pudiera tender sus difamaciones rompiendo en maldición el llanto de Eliseo.