Explore "Los abismos" by Felipe Trigo on Textopian. Read with annotations and highlights.
Veíalas en coche por los paseos lejanos, por las cumbres hasta donde lo permitía la nieve, en la Alhambra, con el Baedeeker delante de los ojos, y aquí al salir el sol.
Acabarían de levantarse, de bañarse, y venían con la frescura de dos flores de junco. Sencillo su tocado: garrotines de paja con ancha cinta, blancas blusas y faldas de seda azul. La una, alucinada, se dirigió en seguida al parapeto, se sentó, acodada en él, y perdió la vista en lejanos horizontes. La otra se acomodó en un velador, depositó su libro y su paquete de cartas, y con una pluma estilográfica empezó a escribir postales.