Explore "Sí sé por qué" by Felipe Trigo on Textopian. Read with annotations and highlights.
«Debiese haber pintores de albas»-le oí una vez á Rocío. Y según puedo, torpemente, no mal del todo, sin embargo, á fuerza de paciencia, desde hace días me levanto con estrellas y voy fijando en un gran lienzo la impresión del amanecer primaveral en nuestro bello paraíso. Pero sale pronto el sol, la veo en el silencio de sueño de la casa aparecer blanca, eucarística como una imagen de altar que pudiese andar corriendo por su templo, y dejo los pinceles. En la misma terraza, sobre una mesita de flores, devoramos la manteca y el café. Acuden los tres gatos á subírsenos encima. Con ellos juegan Centella, un galgo, y Nínive, una setter. Poco á poco van sonando fuera los balidos de los rebaños, los cencerros de las vacas, de las yuntas. La vida se despierta alrededor.
Leopolda vigila á las criadas. Nosotros cogemos cestas, y cruzando el jardín, y seguidos por los gatos y los perros, le aportamos á la volatería su provisión. Rocío está ensayando una granja avícola, para instalar otra en regla, ya experimentada. Abre las alambradas, y capitaneadas por sus gallos van saliendo al centro del corral las Prat, las Guineas pintadas, las rubias Wiendot, las negras castellanas de roja cresta, las gigantescas Horpington. Un mar de vidas de pluma que nos acosan, que no nos dejan movernos, y al que llegan los voraces pavos, los patos, los gansos, más torpes y tardíos., las palomas á densísimas bandadas, aposándosenos en los brazos y los hombros. Arrojándoles al fin todo el trigo, tenemos que huír del escándalo de cacareos y picotazos.