Explore "Cuentos de invierno" by Ignacio Manuel Altamirano on Textopian. Read with annotations and highlights.
Desde luego, quiso llevarme a su casa; pero aquellos artesanos se resistieron tanto, y yo, por mi parte, les estaba tan agradecido, que por fin se decidió que me quedaría y que sólo se me enviarían medicinas, hilas y todo, de la casa de Julia.
Así se hizo, y ella venía a sentarse junto a mi cama largas horas en compañía de sus hermanos y de sus criadas. Pasaron dos meses. Mi convalecencia, gracias a los cuidados que se me prodigaron, fue rápida y buena. El cirujano que me asistía declaró que ya podía yo caminar, y que con ciertas precauciones podía ir a San Luis Potosí, donde se hallaba a la sazón el gobierno de la República, o a Querétaro y Guanajuato, donde estaban nuestras tropas todavía.