Explore "De tal palo, tal astilla" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Poco después que Fernando, salió de la misma casa el ama del cura, viejecita muy limpia, muy fiel y muy cariñosa, pero fisgona incorregible y charlatana impenitente. Deslizóse a lo largo de las tapias, y muy arrimadita a ellas, encorvado el espinazo y muy diligentes los pies, en un credo llegó a la guarida de don Sotero; alzó la aldabilla de la puerta y entró.
Ya sabía el negro personaje que Fernando había estado en casa de Águeda, y lo que más en alarma le ponía, que había salido por la puerta del jardín; hecho inusitado y por todo extremo ocasionado a gravísimas conjeturas. Pero no sabía más, porque con saber eso sólo se conformó el soplón que se lo dijo.