Explore "De tal palo, tal astilla" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Y aconteció que al amanecer el siguiente, un hombre de Valdecines que tenía negocios en Perojales, entró cantando en la hoz. Cantando seguía sin cerrar la boca, y mirando tan pronto al río como a las peñas de lo alto, cuando cátate que, hallándose junto al asomo más descarado del sendero que llevaba, fáltanle de repente la voz y movimiento, y quédase con los ojos tan abiertos como la boca, y hasta se le muda el color y se le encrespa la greña debajo del sombrero.
-¡Mil demonios -se dijo cuando el espanto le dejó libre el uso del entendimiento-, si aquello no es tan persona humana como yo mesmo!