Explore "El buey suelto" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Sereno era, y hasta chancero y zumbón; pero no sin tartamudear más de tres veces, ni sin hacer por cada palabra una salvedad, llegó Gedeón á exponer su tesis al asombrado y adusto tribunal. Verdad es que no pueden escribirse ni pintarse los carraspeos, las interjecciones y los gestos con que, á manera de ortografía, iban los jueces puntualizando los períodos del exponente. Ya no eran caras; era vinagre y rescoldo aquello que le miraba cuando acabó de hablar en éstos ó semejantes términos:
-Tal es el caso, caballeros; y para ponerle á su verdadera luz, acudo á vuestro autorizadísimo dictamen. Necesito que hablemos una vez en serio de eso que se llama matrimonio, con el piadoso fin de ver hasta qué punto le es lícito á un hombre. como nosotros, el pensamiento de casarse. Suponed, pues, ilustres jurados, que habiendo hallado una mujer rica, hermosa, con todas las seducciones imaginables, y educada á mi gusto, me caso mañana con ella.