Explore "El sabor de la tierruca" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Bien corrida era ya la media tarde cuando despertó don Baldomero, porque fué Sidora á levantar la mesa y le dió en la cara con el mantel al echársele debajo del brazo. Incorporóse el hombre lentamente, bostezando mucho y con grande clamoreo; se desperezó á sus anchas, lió un cigarro y le encendió sin dejar de estremecerse ni de bostezar entre chupada y chupada. Salió después del caserón, y, paso á paso, llegó á la taberna, café de los holgazanes desidiosos de aldea.
Junto á la enrejada ventana, por donde el tabernero despachaba á los parroquianos vergonzosos, había una mesa de basto tablero, y alrededor de ella, sentados, hasta tres personajes que voy á presentar al lector, porque debe conocerlos. Vestía el uno un traje entre andaluz y de la tierra (ancha faja de estambre negro á la cintura, calañés, chaleco desceñido, y en mangas de camisa); andaría rayando con los treinta y cinco años; y como aún era mozo soltero, presumía de apuesto sin serlo cosa mayor; ostentaba en la cara anchas patillas negras; miraba gacho y hablaba ceceoso y lento, más por alarde que por natural disposición. Había estado, de mozo, en Andalucía, como tantos otros coterráneos suyos; y era casi el único resto del antiguo jándalo, de los que volvían á caballo, entre rumbo y alamares, escupiendo por el colmillo y, á creer lo que ellos mismos aseguraban, sembrando el camino real de pañuelos de seda y onzas de oro.