Explore "El sabor de la tierruca" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
El temporal siguió reinando hasta cerca de media noche. Á esa hora se corrió el viento al Norte, cesó el agua, rasgáronse los nublados, fuéronse adelgazando por momentos; y cuando apareció el sol del nuevo día, desplegó el lujo de sus rayos en un cielo sereno, azul y limpio como el cristal de un espejo. Pero la brisa terral era fría y húmeda; los tejados de Cumbrales relucían; los bardales goteaban; las callejas eran charcos; las praderas brillaban como sartas de rica pedrería, y comenzaba á oirse por las barriadas del pueblo el clan, clen de las herradas almadreñas de los transeuntes, entre los que apenas se veía uno sin negros cardenales ó arañazos en la cara, muestras dolorosas de la refriega del día anterior.
Á media mañana salió Pablo de su casa en dirección á la de Nisco, á cuyo lado había permanecido la noche antes con Catalina, que no se apartaba un punto de allí, hasta que el mozo se despejó y pudo conocerse la importancia de la herida.