Explore "El sabor de la tierruca" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
La rápida y feliz convalecencia de Pablo volvió á normalizar la vida en ambas casas; con lo que reaparecieron en el salón de don Pedro Mortera los rollos de holandas y los paquetes de batistas que días antes anduvieron por allí entre manos de Ana, de María y de doña Teresa; preparativos de boda y mínima parte de lo que se había encargado con igual destino á las modistas y costureras de la ciudad.
Había, pues, tertulia constante en casa de don Pedro, á la que no faltaban Pablo, muy animoso aunque algo dolorido y débil todavía; su cuñadito en ciernes, por las tardes, y don Juan de Prezanes cuando menos se le esperaba. Ya para entonces y desde antes de los trágicos sucesos referidos, las familias de don Pedro Mortera y de don Rodrigo Calderetas se habían hecho sendas visitas; por lo que también se vió más de tres veces al caballero de la villa, con su señora y su otro vástago (una jovenzuela pálida y muy peripuesta, que se llamaba Niquis, contracción elegante del vulgar Nicasia que le arrimó en la pila su padrino, un pañero acaudalado, pero de poco gusto), en la apacible reunión aquélla.