Gonzalo González de la Gonzalera

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El nuevo municipio inauguró su imperio con algunos acuerdos solemnes, puestos en ejecución apenas consignados en el libro de actas. Por el primero, se dio al pueblo, hasta entonces llamado Coteruco de la Rinconada, la denominación de Coteruco de la Libertad; por el segundo, se bautizaron sus vías públicas con nombres históricos adecuados a las circunstancias, inscribiéndose éstos en amplios tarjetones de madera, allí donde faltara la esquina de un edificio o la tapia de una huerta. Por eso se llamaba la explanadita frontera a la casa de don Román, Plaza de Padilla; la braña contigua a la iglesia, Campuco del General Riego; la del Consistorio, Plaza de la Revolución; y así por el estilo había Callejo de Marco Bruto, Cambera de los Comuneros y Corralada de Garibaldi. Por el tercer acuerdo, se inscribieron en la sala capitular del Consistorio, y bajo el rótulo de Hijos ilustres de Coteruco de la Libertad, los nombres de don Pelayo del Robledal de los Infantes de la Barca, Ceballucos y la Portillera; de Antonio González (Bragas), y de otros ascendientes de los Rigüeltas y de Polinar Trichorias, notoriamente rebeldes, en vida, a toda ley y autoridad; libres, en fin, en el sentido más lato de la palabra.

Para que nada faltase de lo principal y característico en pueblo, se estableció un club del que hablaremos luego más por extenso, en el piso alto de la taberna, pagándose el alquiler del local, por redundar la mejora en beneficio del vecindario, de fondos municipales, si bien con cargo al capítulo de calamidades públicas, por dictamen de Patricio, que no halló otro medio de embeber esta partida en el presupuesto general del Ayuntamiento. Con tal motivo, la taberna izó una bandera en el tejado, y escribió este rótulo sobre el hueco principal de su fachada: «¡AL SOL DE LA LIBERTAD! -Líquidos y otros comestibles».

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