Los hombres de pro by José María de Pereda

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Firme en sus manifestados propósitos de abandonar la villa tan pronto como le fuera posible, Simón Cerojo, desde el día en que le oímos hablar de ello con su mujer, se consagró exclusivamente a realizar, pero con mucho pulso, sus existencias y créditos; indispensable tarea que le ocupó algunos meses.

Cuando tuvo su caudal entero en el bolsillo, como quien dice, y después de haber sacado a la vergüenza pública a algunos de sus deudores que más le habían atormentado el amor propio; después, repito, de haber puesto en evidencia ante la villa entera los apuros de unos y las perpetuas trampas de otros, dejando, de este modo, encendida una guerra civil entre muchas de aquellas encopetadas familias, tomó de su caudal una pequeña parte, y se dijo:-Esto (el caudal) para las alas, y esto (el pico) para pintar las.-En seguida se metió con su familia y con su tesoro en la diligencia, y se largó a Madrid; buena escuela, como él decía, para tomar aire y tono que lucir después en la ciudad.

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