Explore "Sotileza" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
El negocio de Andrés caminaba en posta por la nueva senda en que le habían encarrilado la conspiración de la capitana y la elocuencia del señor don Venancio Liencres. Bitadura emprendería otro viaje á la Isla de Cuba en todo el mes de julio, y Andrea se había propuesto que, para cuando se ausentara su marido, estuviera preso Andrés con algún compromiso, por pequeño que fuera, á los planes del comerciante, aceptados al fin terminantemente por el capitán. Con los aires de la ausencia cambian mucho los pensamientos de los hombres, que son mudables de suyo; y, «por si acaso,» desde el mismo día en que quedó acordado entre Bitadura y su mujer que Andresillo sería puesto á las órdenes de don Venancio Liencres para que fuera haciendo de él un comerciante, se le dió un maestro que en lección particular le repasara las cuentas y le enseñara á escribir con soltura la letra inglesa, lo cual sería obra de dos ó tres meses y de un par de horas de trabajo cada día. Lo demás lo iría aprendiendo en el escritorio; pues, en opinión del comerciante del Muelle, medio día de práctica sobre el atril enseñaba más que un curso de partida doble en la cátedra de un maestro.
Entre los muchos consejos buenos que al neófito dió su madre, le encareció particularmente el de procurarse la compañía y el trato íntimo del hijo del comerciante, con quien, según éste había dicho y repetido al capitán, trabajaría en el escritorio y caminaría hasta el pináculo de su infalible prosperidad. Este preliminar le consideraba ella de mucha importancia; pues una amistad íntima, á la edad de los dos muchachos, se convierte años después en vínculo inquebrantable.