Explore "Sotileza" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Precisamente muy pocas horas después de ella, fué cuando Andrés se decidió á manifestar á su padre uno de los deseos, de los pocos deseos más voraces que sentía: tener un bote suyo, ó la mitad siquiera, como muchos jovenzuelos de su edad. Porque entonces había una escuadrilla de elegantísimos esquifes particulares (que se fondeaban enfrente del café Suizo), como ahora hay caballos de regalo y coches de fantasía. Procuró suavizar las asperezas que pudiera llevar consigo la pretensión, declarando á su padre que arrimaría á la compra todos los ahorros que había hecho de los sueldos y gratificaciones ganados en el escritorio. Sonrióse el capitán y le ofreció el regalo de un esquife nuevo, á condición de que no volviera á la Zanguina más que de tránsito y en los casos de necesidad; porque necesidad de darse una vuelta por la Zanguina, la tenían cuantas personas de abajo eran dueñas de bote, ó aficionadas siquiera á los placeres de bahía. Andrés aceptó de buena gana la condición; y con las instrucciones del mismo Bitadura, le construyó Lencho un esquife, aparejado de balandro, tan esbelto y sutil, que navegaba solo.
Por entonces empezó tío Mechelín á adolecer de muchos achaques que á menudo le impedían salir á la mar, y aun le postraban en la cama. Los míseros ahorros se agotaron, y en la bodega comenzaron á sentirse varias necesidades, porque la labor de las mujeres no daba para cubrirlas todas. Andrés lo observó con mucha pena, sobre todo cuando se convenció de que los achaques del honrado pescador eran lacras del oficio enconadas por el peso de los años; es decir, de las que no tienen cura y piden grandísimos cuidados para ir pasando el enfermo, poco á poco, el último y breve tramo de la vida.