Explore "Sotileza" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
¡Si tuvo resonancia el caso! ¿Cómo no había de tenerla con aquel aparato, á aquellas horas, siendo Andrés quien era, y su cómplice tan afamada en el barrio, y aun fuera del barrio, y la ciudad tan pequeña todavía! Se supo todo, todo, y muchísimo más; porque la imaginación del vulgo es fecundísima en supuestos, y la frescura de las gentes imperturbable en acreditarlos con grandes visos de verdad; y se dijo. ¿quién es capaz de saber lo que se dijo, y cómo fué rodando la bola de nieve, y creciendo, creciendo, hasta que pudieron verla los más ciegos y percibir los más sordos sus crujidos?
Don Pedro Colindres frecuentaba muchos centros cuya miga era el tufillo alquitranado. Allí toda la concurrencia de tertulianos era de gentes de su profesión; y entre estas gentes andaba, con más calor que entre otras, rodando lo cierto y lo imaginado sobre el fresquísimo suceso de la calle Alta. Nadie fué tan imprudente que relatara la historia con pelos y señales al padre del protagonista de ella; pero el capitán, con los desperdicios de tantas conversaciones sobre el mismo tema, cortadas de pronto al acercarse él á los relatantes, fué poco á poco acumulando recelos que, con los precedentes que ya tenía, imbuídos por su mujer, llegaron á producirle muy serias inquietudes. La capitana las tuvo insoportables antes que él; porque las amigas que se le acercaron, recién atiborradas de aquellas noticias, fueron menos prudentes que los amigos del capitán, y dejáronla, con el escozor de las presunciones, á dos dedos de la verdad. Lo poco que faltaba hasta dar con ella, lo llevaba escrito Andrés en su azoramiento nervioso, en su aire distraído, en su desazón alarmante.