Explore "La instrucción del pueblo" by Concepción Arenal on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al tratar de lo que pueden hacer y es necesario que hagan los individuos asociados para generalizar la instrucción, íbamos a escribir un párrafo relativo a los niños que vagan por la vía pública en vez de ir a la escuela; pero nos ha parecido mejor dedicarles, aunque breve, un capítulo aparte para llamar particularmente la atención sobre lo que merece fijarla de una manera muy especial: con frecuencia los que acaban desastradamente por efecto de sus vicios o sus crímenes, han empezado por ser chicos de la calle, y no es necesario decir más para encarecer la necesidad de que en la calle no haya chicos abandonados y pervirtiéndose mutuamente. La división de trabajo no es menos necesaria en el asunto que nos ocupa y otros análogos que en la industria, aunque esta necesidad no aparezca de una manera tan ostensible. Así, por ejemplo, la propagación de buenos libros, el contribuir pecuniariamente a sostener una escuela, el enseñar en ella o vigilarla, y el procurar que los que han de asistir no vaguen por plazas, calles y caminos, obras son todas buenas, excelentes, pero que exigen medios y vocaciones diversas.
Con el nombre de chicos de la calle se confunden categorías morales muy diversas. En la calle está el niño que por descuido de sus padres no va a la escuela; el que no asiste por falta de vestido o de calzado, o de local en que se le admita gratuitamente, siendo él muy pobre para pagar retribución alguna; el que tiene alguna ocupación a las horas de clase; el rebelde que prefiere el castigo y la holganza y la libertad, a la sujeción y el trabajo del aula. En la calle está el niño que da el mal ejemplo y el que le recibe; el que se deja llevar a una acción culpable y el que le arrastra a ella; el que se entretiene en saltar o en ver lo que pasa; el que juega a los naipes y hace trampas; el que mira los juguetes o los dulces que hay en un escaparate, y el que piensa cómo se apoderará de ellos sin ser visto; el hijo de padres que le enseñan prácticamente el mal, y el que es malo a pesar de las amonestaciones y de los ejemplos de su familia; el que curiosea y el que hurta; el que pronuncia palabras obscenas sin saber todavía su significación, y el que practica ya malas obras y se ha iniciado en los misterios del vicio y del delito.