Read "El grillo del hogar" by Charles Dickens online for free on Textopian. Full text with search, annotations, highlights, and AI-powered reading aids.
Y mientras el mandadero, apoyando la cabeza en sus manos, continuaba soñando, la imagen de Dot, que estaba presente, permanecía a su lado, sugiriéndole sus pensamientos por efecto de su poder sobrenatural, y colocándoselos ante los ojos como en un espejo o en un cuadro.
La imagen presente no estaba sola. De la piedra del hogar, de la chimenea, del reloj, de la pipa, del puchero y de la cuna; del pavimento, de las paredes, del techo y de la escalera; del coche, que descansaba fuera de la estancia; del aparador, que estaba dentro de ella; de todos los utensilios del hogar, de cada rincón, de cada objeto familiar a Dot, que llevase consigo un recuerdo de ella para el desgraciado John, surgían huestes de hadas, no para quedar inmóviles a su lado, como hiciera antes el grillo, sino para correr y agitarse en toda dirección, para rendir toda clase de honores a la imagen, para agarrar el vestido de John y mostrarle la figura de Dot; para agruparse alrededor de ella, abrazarla amorosamente y arrojar flores a su paso; para ensayar con sus manecitas la coronación de su linda cabeza, para demostrarla que la amaban tiernamente y que no podía existir ni una sola criatura fea, mala y acusadora que pudiese jactarse de conocerla bien. Sólo ellas, sólo sus compañeras fantásticas y fieles, podían comprender toda su valía.